Estrategia · 12 octubre 2026 · 12 min de lectura
Qué debe incluir un presupuesto de página web para evitar sorpresas.
Alcance, lo que no entra, a nombre de quién quedan el dominio y el código, la fecha de entrega, cómo se paga y qué pagarás después. La lista línea a línea para revisar el presupuesto de web que ya tienes delante, sea de quien sea.

Un presupuesto de página web tiene que dejar por escrito seis cosas: qué se hace (páginas, textos, fotos y funciones), qué no entra, a nombre de quién quedan el dominio, el alojamiento y el código, la fecha de entrega, cómo se paga y qué pagarás después de publicarla. Si una de las seis no aparece, la sorpresa vendrá por ahí.
Abajo tienes cada línea explicada y, al final, una lista para revisar el presupuesto que ya tienes encima de la mesa. Sirve con el nuestro y con el de cualquiera. Coge un bolígrafo: cada línea que no encuentres es una pregunta que haces por escrito antes de firmar.
Antes de comparar cifras, subraya cada «aparte»
Un ejemplo inventado. Te llegan dos presupuestos para la misma web. Uno dice 900 €. El otro, 1.600 €. Parece fácil elegir.
Lees el primero despacio y encuentras esto:
- Web de cinco páginas: 900 €.
- Versión para móvil: aparte.
- Formulario de contacto: aparte.
- Posicionamiento en Google: a consultar.
Esos 900 € llevan colgando tres cifras que nadie te ha dicho. El segundo puede llevar todo eso dentro, o puede que tampoco. Lo sabrás cuando lo pongan por escrito.
Así que el orden es este: primero, qué entra; después, cuánto cuesta. Busca en el papel estas palabras y subráyalas: «aparte», «a consultar», «según necesidades», «opcional», «no incluido». Cada una es una cifra que falta. Pide que te la pongan.
1. El alcance: qué se hace exactamente
Es la parte más larga del presupuesto, y tiene que serlo. «Web corporativa completa» se queda en nada el día que quieras reclamar algo. Un alcance bien escrito responde a esto:
- Cuántas páginas y cuáles. «Inicio, servicios, quiénes somos, contacto y aviso legal» se puede comprobar el día de la entrega. «Hasta 5 páginas», también. «Las necesarias», nunca.
- Quién escribe los textos. Si el papel calla, los escribes tú. Escribir para que te llamen lleva horas, y conviene saberlo antes.
- De dónde salen las fotos. Tuyas, de un banco de imágenes o de una sesión. Si hay sesión, cuántas fotos y quién paga al fotógrafo.
- Qué funciones lleva. Formulario, botón de WhatsApp, mapa, reservas, blog, otro idioma, tienda. Cada una con su nombre. Lo que no está en la lista, no entra.
- Que se vea bien en el móvil. Debería ir dentro sin discusión, porque es donde te mira quien te busca desde la calle. Si aparece como una línea con su propio precio, subráyala.
- El diseño: plantilla o desde cero. Las dos opciones valen. Lo importante es saber cuál compras y cuántas rondas de cambios tienes sobre la propuesta antes de que cada cambio se cobre.
- Si tendrás panel para cambiar cosas tú. Un precio, una foto, el horario de verano. Sin panel, cada cambio es un correo y, a veces, una factura.
- Lo que necesita Google para leerla. Suele venir como «SEO técnico» o «SEO de base»: que cargue rápido, que cada página tenga su título y que Google la pueda recorrer entera. El posicionamiento continuo es otra cosa, un trabajo de cada mes. Si el presupuesto pone «SEO» a secas, pregunta cuál de los dos es.
- Los textos legales. Aviso legal, privacidad y cookies, con los datos de tu negocio. La ley de comercio electrónico (la LSSI) pide que en tu web se puedan consultar, entre otros datos, tu nombre o razón social, tu dirección, tu correo y tu NIF. Si no van en el presupuesto, te tocará resolverlos a ti.
2. Lo que no entra, también por escrito
Un buen presupuesto trae una segunda lista: lo que se queda fuera. Si no viene, pídela.
Lo que más a menudo se queda en el aire, y que tiene que aparecer en una lista o en la otra: el logotipo, los textos, las fotos, las traducciones, la carga de un catálogo grande, el correo con tu dominio y la renovación del segundo año.
Esa lista te protege a ti. Lo que no aparece en ninguna de las dos listas acaba en discusión, y la discusión llega a mitad de proyecto, cuando ya has pagado la primera parte.
Y una línea más: qué pasa si a mitad de camino pides algo nuevo. Lo sensato es que se presupueste aparte, por escrito y antes de hacerlo.
3. A nombre de quién queda todo
Es la línea que decide si mañana puedes cambiar de proveedor sin pedirle permiso al anterior. Son cuatro cosas, y el presupuesto debería nombrarlas una a una:
- El dominio (tunegocio.es): registrado a nombre de tu empresa o al tuyo, con tu correo como contacto.
- El alojamiento, que es el servidor donde vive la web: en una cuenta a tu nombre, o con el compromiso escrito de que te la entregan si te vas.
- El código y el diseño: tuyos cuando termines de pagar.
- Los accesos: usuario y contraseña del panel, del dominio y del alojamiento, entregados a ti.
Busca una frase parecida a esta: «Al finalizar el pago, el dominio, el código y los contenidos son propiedad del cliente, y se le entregan todos los accesos». Si no está, pide que la añadan. Si te contestan «eso lo gestionamos nosotros», estás alquilando tu propia web.
Si quieres afinar esa frase, que diga que te ceden los derechos de explotación del código y del diseño para todo el mundo y por todo el tiempo que los protege la ley. Lo que lleve licencia de otro (una plantilla de pago, fotos de un banco de imágenes) sigue siendo una licencia: que diga a nombre de quién queda.
Cuidado con las webs montadas sobre una herramienta propia del proveedor. Funcionan mientras pagues la cuota y no te las puedes llevar a otro sitio. Puede valerte, pero tienes que saberlo antes de firmar. Las otras preguntas antes de elegir a quién se la encargas las tienes en cómo elegir agencia digital.
4. La fecha de entrega, escrita
Pide una fecha concreta, con día y mes. «En unas semanas» o «en cuanto podamos» no te sirven para organizarte ni para reclamar.
Una fecha bien escrita trae dos cosas más:
- De qué depende. Casi siempre, de que entregues tus textos y tus fotos y des el visto bueno al diseño. Es normal y es justo: si tú tardas, la fecha se mueve. Conviene que lo diga el papel, para que nadie lo discuta después.
- Qué pasa si el retraso es suyo. Como mínimo, un aviso con tiempo y una fecha nueva, también por escrito.
Para saber si la fecha que te dan es razonable, lo habitual por tipo de web lo tienes en cuánto se tarda en hacer una página web.
5. Cómo se paga
Cuatro cosas que mirar:
- Si la cifra lleva el IVA o no. Entre empresas, lo habitual es dar el precio sin IVA, y está bien, pero tiene que decirlo. Otro ejemplo inventado: 1.000 € más IVA son 1.210 € al pagar.
- Si el precio es cerrado o estimado. Si pone «aproximado», pregunta qué lo haría subir y pide que lo escriban.
- Cuándo pagas cada parte. En un trabajo pequeño y de precio cerrado, pagarlo entero al confirmar es normal: entonces, que la fecha de entrega y lo que entra estén por escrito. En uno grande, pagarlo todo por adelantado te deja sin margen si algo se tuerce: lo sensato es repartirlo, y que el último pago llegue con la web publicada y los accesos en tu mano.
- Qué pasa si se para a medias. Qué te quedas, qué pagas y qué se te devuelve. Es incómodo de preguntar y muy útil de tener escrito.
6. Lo que pagarás después de publicarla
Es la parte que más sorprende, porque llega con la primera renovación, cuando ya nadie se acuerda del presupuesto. Busca estas líneas:
- La renovación del dominio, del alojamiento y del correo. Quién la paga, cuánto cuesta a partir del segundo año (el primero muchas veces va rebajado) y quién te avisa antes de que caduque.
- Las licencias. Si la web lleva una plantilla o extensiones de pago (los añadidos que le dan funciones, como las reservas o la tienda) con cuota anual, a nombre de quién están y quién las renueva.
- El mantenimiento. Si entra, qué cubre (actualizaciones, copias de seguridad, vigilar que la web sigue en pie), cuánto cuesta al mes y si tiene permanencia. Si no entra, que lo diga.
- Los cambios tras la entrega. Cuánto cuesta cambiar un texto o subir una foto con la web ya publicada, si no tienes panel o no te apetece hacerlo tú.
- Los fallos después de publicar. Si un error de la propia web se arregla sin coste, y durante cuánto tiempo.
Lo que cuestan en el mercado el dominio, el alojamiento, el correo y el mantenimiento lo tienes desglosado en cuánto cuesta mantener una web al año.
La lista para revisar tu presupuesto
Ponla al lado del papel y marca lo que encuentres. Lo que no encuentres, lo preguntas.
- ¿Dice cuántas páginas y cuáles?
- ¿Dice quién escribe los textos y de dónde salen las fotos?
- ¿Nombra cada función: formulario, WhatsApp, reservas, blog, idiomas?
- ¿La versión para móvil va dentro del precio?
- ¿Tendrás panel para cambiar textos y fotos tú?
- ¿Explica qué incluye «SEO» y si es trabajo de una vez o de cada mes?
- ¿Vienen el aviso legal, la privacidad y las cookies?
- ¿Hay una lista de lo que no entra?
- ¿Cuántas rondas de cambios tienes sobre el diseño?
- ¿El dominio, el alojamiento y el código quedan a tu nombre, por escrito?
- ¿Te entregan todos los accesos al terminar?
- ¿Hay una fecha de entrega con día y mes, y dice de qué depende?
- ¿Dice si el precio lleva IVA y si es cerrado o estimado?
- ¿Dice cuándo pagas cada parte? Si el proyecto es grande, ¿el último pago va con la web publicada? Si pagas todo al confirmar, ¿están la fecha y lo que entra por escrito?
- ¿Dice qué pasa si el proyecto se para a medias o se retrasa por su parte?
- ¿Dice cuánto cuestan el dominio, el alojamiento, el correo y las licencias de pago a partir del segundo año, y quién lo paga?
- ¿Dice si hay mantenimiento, qué cubre, cuánto cuesta y si tiene permanencia?
- ¿Dice cuánto cuesta un cambio después de publicar, y si los fallos de la propia web se arreglan sin coste?
Si tienes dos presupuestos, pasa la lista por los dos. A veces el barato sale caro cuando sumas lo que deja fuera. Otras veces el caro lleva cosas que no necesitas. Las dos cosas se ven aquí.
Cómo pedir lo que falta sin quedar mal
Basta un correo corto. Algo así:
«Antes de firmar, ¿me podéis añadir estas líneas al presupuesto? A nombre de quién quedan el dominio, el alojamiento y el código. Qué no entra en el precio. La fecha de entrega y de qué depende. Y lo que costará la web a partir del segundo año.»
Quien trabaja bien te lo devuelve corregido sin problema, porque lo tiene claro. Si la respuesta es «eso ya lo hablamos», ya sabes algo de cómo irá el proyecto.
Lo que pone en los nuestros
Para que veas cómo queda escrito, esto es lo que trae nuestra web sencilla, que son 690 € cerrados más IVA:
- Hasta 5 páginas.
- Diseño sobre una base nuestra, adaptada a tu marca. El código es tuyo: si algún día te vas, te lo llevas todo.
- Los textos y las fotos los aportas tú.
- Optimizada para móvil y velocidad, con el SEO técnico de base.
- Panel para editarla tú.
- Accesos, dominio y código a tu nombre.
- Dominio, correo y alojamiento del primer año, y tu ficha de Google.
- Fecha de entrega por escrito.
- Se paga entera al confirmar, porque el precio y lo que entra van cerrados por escrito.
- El mantenimiento no entra. Si lo quieres, son 297 € al mes más IVA, sin permanencia: actualizaciones, copias de seguridad, vigilancia de caídas y una bolsa de cambios cada mes.
A partir del segundo año, dominio, alojamiento y correo cuestan 90 € más IVA al año. Tampoco entran los textos escritos por nosotros, el diseño desde cero ni el contenido SEO trabajado. Todo eso va en la web profesional, desde 1.500 € más IVA, que puedes pagar en 3 plazos sin intereses.
Si ya tienes web y estás pidiendo presupuestos para rehacerla, empieza por la auditoría gratis: en 48 horas laborables te decimos qué falla, un coste orientativo de arreglarlo y si compensa arreglarla o rehacerla. El informe es tuyo, lo uses con nosotros o con quien quieras.
Si quieres un segundo presupuesto para pasarle esta misma lista, pídelo desde contacto. Y si en el nuestro echas en falta alguna línea, pídenosla por escrito, como harías con cualquiera.
Del cuaderno al encargo
¿Quieres esto aplicado a tu negocio?
Empieza por la auditoría gratis: en 48 horas te decimos qué falla en tu web, qué cuesta arreglarlo y por dónde empezar. El informe es tuyo.