Estrategia · 25 agosto 2026 · 5 min de lectura
Cómo elegir la agencia digital correcta para tu empresa.
Freelance, agencia grande o agencia técnica pequeña: qué compras en cada caso, cómo falla cada una y las ocho preguntas que separan a quien sabe de quien improvisa.

Contratar a alguien para que te haga la web tiene un problema de origen: no puedes juzgar el trabajo antes de pagarlo. Ves un portfolio bonito y una propuesta bien maquetada, y decides con eso. Lo que pasa después depende de cosas que no salían en la propuesta.
No hay forma de eliminar ese riesgo del todo. Sí hay forma de reducirlo bastante, y va menos de comparar precios que de saber qué preguntar.
Las tres opciones, por lo que compras en cada una
Freelance
Qué compras: las horas de una persona concreta, normalmente buena en una cosa.
Cuándo gana: encargos acotados con un final claro. Un rediseño, una landing, arreglar algo que se rompió.
Cómo falla: es un único punto de fallo. Se pone enfermo, le entra un cliente más grande o deja de contestar, y tu proyecto se para sin que puedas hacer nada. Y ojo con la especialidad: alguien excelente diseñando no tiene por qué saber de rendimiento ni de SEO técnico, aunque la web acabe teniendo las dos cosas igual.
Agencia grande
Qué compras: estructura. Gente para cada disciplina, procesos, alguien que responde el teléfono cuando el que llevaba tu cuenta se va.
Cuándo gana: cuando necesitas varias disciplinas a la vez y sostenidas en el tiempo, y tienes presupuesto para pagar esa estructura.
Cómo falla: quien te vende no es quien ejecuta. El comercial cierra, un perfil senior firma la propuesta y el trabajo diario lo hace el más junior del equipo. No es mala fe, es cómo cuadran las cuentas de una estructura grande. Se nota en que las respuestas tardan y en que hay que repetir las cosas.
Agencia técnica pequeña
Qué compras: hablas directamente con quien escribe el código. Lo que cuentas no pasa por tres personas antes de llegar a quien lo va a hacer.
Cuándo gana: cuando quieres calidad de construcción y precio cerrado sin pagar la estructura de una agencia grande.
Cómo falla, y lo decimos porque nos pasa: la agenda. Un equipo pequeño no mete un proyecto urgente sin mover otro que ya está comprometido. Si necesitas algo para pasado mañana, no somos la opción buena.
Las ocho preguntas, y qué respuesta es buena señal
No busques la respuesta perfecta. Busca la diferencia entre una respuesta concreta y una respuesta que suena bien.
1. ¿Puedo ver una web vuestra funcionando, no una captura? Buena señal: te dan la dirección y te dicen que la abras en el móvil. Mala señal: un PDF con pantallazos y "es que el cliente no quiere que lo enseñemos" en todos los casos.
2. ¿Quién va a hacer el trabajo? Buena señal: un nombre y con qué otras cosas está esa semana. Mala señal: "el equipo".
3. ¿Qué fecha de entrega me ponéis por escrito? Buena señal: una fecha, y qué pasa si se pasa. Mala señal: "en unas semanas".
4. ¿Qué NO entra en el precio? Buena señal: te dan esa lista sin que insistas. Mala señal: solo la lista de lo que sí entra. Lo que no está escrito acaba siendo un extra.
5. ¿A nombre de quién quedan el dominio, el alojamiento y el código? La más importante de las ocho. Tiene sección propia más abajo.
6. ¿Qué pasa el día que quiera cambiar un texto yo? Buena señal: te enseñan dónde se cambia y cuánto tardarías. Mala señal: "nos lo pides y te lo hacemos", sin decir en cuánto tiempo ni a qué precio.
7. ¿Con qué se mide si esto funciona? Buena señal: Search Console y Analytics con las cuentas a tu nombre, y tú dentro desde el primer día. Mala señal: un panel bonito que solo pueden abrir ellos.
8. ¿Hay permanencia? Buena señal: te dicen el plazo de preaviso sin rodeos. Mala señal: aparece en la letra pequeña cuando quieres irte.
La pregunta que más dinero ahorra: ¿a nombre de quién queda todo?
Es donde más gente se queda atrapada, y casi nunca se pregunta a tiempo. Son tres cosas distintas y hay que verlas por separado:
- El dominio. Tiene que estar registrado a nombre de tu empresa, con tu correo como contacto. Si está a nombre del proveedor, el día que quieras cambiar estás negociando por tu propia dirección de internet.
- El alojamiento. Que la cuenta sea tuya, aunque la gestionen ellos. Si la web vive dentro de la cuenta del proveedor junto a otros cuarenta clientes, mudarte deja de ser una decisión tuya.
- El código y los textos. Que sean tuyos al entregar, por escrito. Cuidado con las webs montadas sobre una herramienta propia del proveedor: funcionan bien mientras sigas pagando, y no te las puedes llevar.
Cómo lo compruebas si ya tienes web: busca "whois" y tu dominio en cualquier buscador y mira a nombre de quién sale. Si aparece el nombre de tu proveedor y no el tuyo, ya sabes cuál es la primera conversación que toca tener.
Lo que cuesta con nosotros, publicado
Un artículo sobre transparencia con los precios escondidos no se sostiene, así que van los nuestros:
- Auditoría web: gratis, en 48 horas laborables.
- Auditoría profunda: 197 €.
- Web sencilla: 690 €, entrega en 1-2 semanas.
- Web profesional: desde 1.500 €, entrega en 2-3 semanas.
- Tienda online: desde 3.000 €.
- Software a medida: desde 6.000 €.
- Mantenimiento 297 €/mes, Crecimiento 997 €/mes y Full de 1.997 a 2.497 €/mes, mes a mes.
Están publicados a propósito, y no solo por comodidad: si una agencia no te puede decir un precio de partida sin una reunión previa, suele ser porque el precio depende de lo que crea que puedes pagar.
El catálogo completo, con lo que entra y lo que no en cada uno, está en servicios.
Y si quieres una opinión antes de decidir
La auditoría gratis es eso: en 48 horas laborables tienes por escrito qué falla en tu web, qué es urgente y qué puede esperar. Sin compromiso y sin permanencia. Si de ahí sale que lo tuyo lo arregla un freelance en dos tardes, te lo diremos.
Del cuaderno al encargo
¿Quieres esto aplicado a tu negocio?
Empieza por la auditoría gratis: en 48 horas te decimos qué falla en tu web, qué cuesta arreglarlo y por dónde empezar. El informe es tuyo.